27.
Vi tu rostro
apacible gajo de mi fuente.
Vi tu rostro claro
en el agua revuelta del lago.
Si tu canto me guía
-luminosa alma-
lejos de la obsesiva muerte
te estaré llamando
y mientras llegas
tu serena voz será mi calma.
Sandra Gutiérrez Alvez
Geometral de Silencios
2022

El poema dibuja una escena de mirada y refugio interior muy delicada: ese “rostro” que se ve primero como “apacible gajo de mi fuente” y luego “en el agua revuelta del lago” une intimidad y desasosiego en una sola imagen. El agua es aquí espejo y frontera: aunque esté agitada, en ella sigue apareciendo el rostro claro, nítido, como si la presencia amada tuviera la capacidad de ordenar por dentro lo que fuera está en turbulencia. Hay una tensión muy hermosa entre lo sereno y lo revuelto que atraviesa todo el texto.
ResponderBorrarLa segunda parte introduce un giro más hondo: el “canto” que guía “lejos de la obsesiva muerte” convierte a esa presencia en algo casi sagrado, una especie de faro interior. El verso “luminosa alma” funciona como núcleo emocional del poema, condensando la idea de que lo que salva no es un cuerpo, sino una voz, una luz. El cierre, con esa promesa de seguir llamando mientras llega y de encontrar en su voz la calma, tiene la sencillez de una oración íntima: sin grandes alardes retóricos, el poema despliega una confianza radical en el poder de la palabra amada como abrigo frente a la sombra. Enhorabuena, Sandra.
Este poema respira una delicadeza poco impostada, como si hubiese sido escrito en voz baja para no perturbar aquello que nombra. La repetición de “Vi tu rostro” no es redundancia, sino insistencia amorosa: una forma de fijar lo esencial frente a lo inestable, especialmente cuando ese rostro aparece reflejado en “el agua revuelta del lago”, imagen muy lograda que sugiere belleza incluso en la perturbación.
ResponderBorrarEl verso “apacible gajo de mi fuente” tiene una rareza fértil: combina lo orgánico con lo íntimo, lo casi corporal con lo simbólico. No busca ser inmediato, sino sugerente, y ahí radica su valor.
El poema avanza luego hacia una dimensión más espiritual, donde la voz amada no solo consuela, sino que orienta y salva. Ese “canto que guía” frente a la “obsesiva muerte” introduce una tensión profunda, pero resuelta con suavidad, sin dramatismo excesivo.
El cierre es especialmente acertado: la espera no es angustia, sino un espacio habitado por la voz del otro, que ya actúa como refugio. En conjunto, un poema sereno, de luz contenida, que encuentra su fuerza en la sencillez bien sostenida. Enhorabuena.