
Mis queridos amigos participantes de este blog: (y los llamo así porque los que me visitan, leen y comentan son quienes forjan junto a mi este y mis otros blogs), por celebrarse el día del amigo, debería dedicarles un poema, pero prefiero obsequiarles algo diferente, un relato de ficción (inédito), fragmento de un capítulo, de una de mis novelas juveniles.
Espero que lo disfruten y sea de su agrado.
Y los conocí…
Cuando era apenas una niña, mis padres, mis hermanos y yo nos mudamos a Oriente, donde aprendí mucho de esa cultura milenaria. Recuerdo que siendo una adolescente, mi hermano mellizo y yo practicábamos artes marciales con el Maestro Chen en una aldea cercana a nuestra residencia, que aunque de características occidentales estaba por doquier llena de la hermosura de esa cultura que tanto aprendí a amar.
Mi padre trabajaba y vivía en la ciudad, tenía un puesto en una oficina del gobierno, el resto de la familia residía en la plantación, pues no hubiéramos soportado la ajetreada vida de la ciudad. Compartíamos la casa con una gran cantidad de criados, que eran como nuestros hermanos, sin diferencias.
Recuerdo el granero, los hermosos arrozales, los trabajadores que altamente sumisos a sus amos no dejaban ni un instante de cuidar los plantíos. Yo no entendía mucho de rangos y clases, para mí todos ellos podían ser mis hermanos, incluso algunos con el tiempo se convirtieron en mis mejores amigos.
Cierro los ojos y me veo entre ellos, parada con mi vestidura multicolor y mi cabello rojizo expuesto al viento, con mi hermano Willy a mi lado. Recuerdo las veces que juntábamos insectos y competíamos por llenar nuestras bolsas de grillos para deleitarnos con su sinfonía en las noches de luna llena, nuestra madre detestaba esas sinfonías, pero nosotros las disfrutábamos a más no poder.
Cierro los ojos y me veo entre ellos, parada con mi vestidura multicolor y mi cabello rojizo expuesto al viento, con mi hermano Willy a mi lado. Recuerdo las veces que juntábamos insectos y competíamos por llenar nuestras bolsas de grillos para deleitarnos con su sinfonía en las noches de luna llena, nuestra madre detestaba esas sinfonías, pero nosotros las disfrutábamos a más no poder.
Teníamos un amigo de nombre Lin, que vivía en la aldea y era discípulo del Maestro Chen, él fue el primero en invitarnos a visitar las inmediaciones de la casa del guerrero, que así le llamábamos a un joven fuerte y dedicado a su entrenamiento para la guerra, el poder de su mirada llega a ser terrible, y por ello muchos le temían. Pero mi hermano Willy, en cambio, lo admiraba profundamente, aunque creo que en su interior no deseaba llevar una vida como la de él. Era errante y temerario, todo el tiempo montado en su caballo, dicen que provenía de una familia de un vecino país del oeste, donde los guerreros de esa clase son una estirpe, y es para ellos un orgullo pertenecer a su linaje .
Jamás entendí ni podré entender el verdadero significado de la guerra, pero ahora entiendo que es necesario entrenarse para defenderse y muchas veces es necesario pelear. De niña pensaba ¿para qué quiere un reino oprimir a otro, si cuando se queda con la tierra obtiene el odio de la gente? Pero luego entendí que para ellos no era importante la gente ni la ellos ni la del enemigo, solo les importa el poder o si no ¿por qué mandarían a morir a sus propios amigos y hermanos?
Jamás entendí ni podré entender el verdadero significado de la guerra, pero ahora entiendo que es necesario entrenarse para defenderse y muchas veces es necesario pelear. De niña pensaba ¿para qué quiere un reino oprimir a otro, si cuando se queda con la tierra obtiene el odio de la gente? Pero luego entendí que para ellos no era importante la gente ni la ellos ni la del enemigo, solo les importa el poder o si no ¿por qué mandarían a morir a sus propios amigos y hermanos?
La estampa del guerrero aún está grabada en mi mente, su cabello largo y despeinado coronado por un turbante ciñendo su frente, dos finas tiras de cuero colgaban junto a sus sienes y al cabalgar volaban como aves junto a su cabeza.
Llevaba dos gruesos sables que flanquean sus piernas y al verlo entrenar sobre el acantilado, al norte de la aldea, nos parecía mentira que ese hombre pudiera manejar con tanta destreza esas pesadas armas.
Una hermosa joven de delicados rasgos, también rondaba, como nosotros, la casa del guerrero. Esa fue la primera vez que la vi, me pareció un poco rara, había algo diferente en ella, solo el tiempo me dio la oportunidad de conocerla, pues lo más interesante estaba en su interior. Me acercó a ella su espíritu emprendedor y voluntarioso, y mi ansiedad, claro, virtud o defecto que me permite acercarme a las personas. Es así, que en un par de años más tarde, éramos amigas íntimas y compartíamos mucho tiempo con los niños de la aldea. En esas horas de trabajo voluntario contábamos historias leíamos poemas e intercambiábamos opiniones con los pequeños. Ese fue el lugar donde surgió mi entrañable amistad con la doncella, como le llamé de ahí en más.
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Con el tiempo me dediqué a observar la vida de esas personas y a medida que los fui conociendo, más y más la figura milenaria de los ocho inmortales, la sociedad oriental y sus “virtudes” hacían eco una y otra vez, sobre los límites de mi cabeza, de la cabeza de una joven ansiosa y preocupada por su condición de tal.
La doncella y el guerrero eran personas muy particulares en la aldea, y tanto a ellos como a mi familia nos unía una diferencia con los naturales del lugar, nuestra extranjería, pero aprendí que no importa la raza ni la procedencia frente al amor fraterno y verdadero de una amistad.
Observarlos a ellos me divertía y compartir mi amistad con Lin y mi hermano Willy llenaban aquellos días en ese lugar lejano.
Con el tiempo supe que con esa observación y vivencias sumadas a las enseñanzas del Maestro Chen, crecí mucho más en unos pocos de años, que en el resto de mi vida… y todo eso fue el fundamento para esto que hoy persigo, la búsqueda continua de los grandes tesoros que encierra el alma.
Con el tiempo supe que con esa observación y vivencias sumadas a las enseñanzas del Maestro Chen, crecí mucho más en unos pocos de años, que en el resto de mi vida… y todo eso fue el fundamento para esto que hoy persigo, la búsqueda continua de los grandes tesoros que encierra el alma.
¡FELIZ DÍA DEL AMIGO!
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