Quise nombrarte.
Al entrar quise nombrarte
y no estabas.
No estuviste
ni para decirme que te ibas.
No estuviste, ni estás.
Y aún quiero nombrarte.
Como nunca has pisado este suelo,
ni jamás respiraste este aire,
ha sido fácil estar
sin que estuvieras.
Y sin embargo,
has estado siempre
porque nunca dejé de nombrarte.
Mil veces, diez mil, o cien mil veces
te nombré. Ya perdí la cuenta
y tantas otras cosas por nombrarte...
Sola, y con tu ausencia
te busqué en secreto
mientras no estabas. Nunca estabas.
Y seguí buscando obsesionada.
Escribí tu inicial
en todas las paredes
y grité tu nombre
en mi silencio,
pero no estabas, nunca estabas.
Ni para decirme que te ibas
estuviste.
Ni para decirme que volvías.
Nunca estabas.
Y aunque no oigas que te nombre
yo te nombro.
Mas, por haberte encontrado
y nombrado tantas veces
es que aún existes.
Tengo tu nombre
colgado en mi pared;
como un desnudo de ti
para nombrarte con ardor, con fuego
y sonreír de corazón,
mientras te nombro.
Salma Hassan